viernes, 18 de julio de 2014

AMANTES



Lucia volvió a ver el teléfono al llegar a casa. El mensaje estaba claro: Nos vemos en la cafetería de siempre cuando salga del trabajo, vestido, sin ropita interior.
Tendría que llamar a la canguro, avisarla para que fuese a buscar a los  niños al Colegio y se quedase con ellos el resto de la tarde. Después ducha, rasurado de piernas, maquillarse un poquito… pero ¿por qué siempre le enviaba los mensajes con tampoco tiempo para prepararse? Él sabía que ella también trabajaba y que llegaba con el tiempo justo para recoger a sus pequeños del cole. 
Dejó su porta folios sobre la cama y llamó a la canguro. Se metió en la ducha e intentó relajarse un poquito. Aquellos mensajes a última hora y a toda prisa la hacían salir de la rutina diaria de su vida familiar. Mientras el agua bajaba por su cuerpo, se deleitó pensando en que tendría preparado Fran para aquel encuentro.
Cogió la esponja y se embadurno de champú el cual contenía un ligero toque de aceite. Aquel champú le dejaba el cuerpo hidratado y para sus piernas le venía muy bien, ya que si iba a ir enseñándolas, le gustaba que tuviesen esa pincelada reluciente.
Cuando la esponja rozó su sexo, este le demostró que estaba dispuesto para cualquier cosa que ocurriese en aquel encuentro con Fran. ¿Por qué la excitaba tanto quedar con él? A pesar de llevar años haciendo aquello a escondidas, todavía le provocaba pequeñas taquicardias cuándo le llegaba un mensaje para quedar con ella.
Trato de aguantarse las ganas de continuar y acabar de desahogarse, pero dejaría que Fran terminase el trabajo que él mismo había empezado con el mensaje a su móvil. Cuando se quitó toda la espuma del cuerpo con el teléfono de la ducha, salió y se secó con premura. Se había distraído demasiado con la esponja y ahora llegaría tarde a su encuentro. Se vistió a toda prisa y se dio un ligero toque de maquillaje. Se vio en el espejo de la entrada y sonrió al ver la imagen que este le devolvía. A pesar de sus casi cincuenta, se veía estupenda y con esa alegría, se marchó camino a la cafetería.
Caminaba con rapidez y esquivaba a los demás transeúntes, a pesar de llevar unos buenos tacones que le estilizaban todavía más sus piernas. Pero la sensación de no llevar ropa interior bajo su vestido negro y largo, hizo que su cuerpo reaccionase nuevamente y se excitase todavía más. Su sexo volvía a estar humedecido, pero sus pechos, al rozar y rebotar contra la fina tela, se pusieron revoltosos y sus pezones se marcaban bajo la ropa.
Los caballeros con los que se cruzaban, sonreían azorados ante aquella visión de la mujer con la que se cruzaba. Parecía una modelo desfilando por una pasarela, pero con unas buenas curvas en las que perder el control. Lucia estaba llegando ya a la cafetería y se dio cuenta de que llevaba todavía su anillo de casada en el dedo. Con un ligero toque, se desprendió de él y lo metió en su pequeño bolso de mano.
Cuando llegó, Fran la esperaba en la mesita de la terraza que estaba pegada a la cristalera. Desde allí podían contemplar el ir y venir de las gentes que pasaban por la ciudad, de vuelta de trabajo, haciendo las compras del día o simplemente paseando.
Fran al verla, se levantó y le arrimó la silla con un gesto de galantería. Lucia le sonrió y le agradeció que le hubiese pedido ya el capuchino que tanto le gustaba.

–Estás preciosa a pesar de llegar tarde – sonrió Fran.
–Gracias, pero casi no me das ni tiempo a prepararme.
–Espero que hayas venido tal y como te he dicho.
–¿Vestido y sin ropita interior?.
–Exacto.
–Creo que los hombres con los que me he cruzado, pueden dar fe de que por arriba no llevo nada.
–¿Y por abajo?
–Eso tendrás que averiguarlo.

Fran colocó su mano sobre la rodilla de Lucia. Esta, al notar el cálido contacto se estremeció al pensar lo que podía suceder a partir de ese momento. Le gustaban mucho las manos de aquel hombre, finas y con dedos largos para poder llegar a todos los rincones posibles.
Pero Fran no movió su mano. Permaneció durante unos segundos inmóvil, como queriendo intensificar aquel acercamiento de su mano con la rodilla de Lucia.

Cerca de donde estaban sentados, la vida continuaba a su ritmo, con la gente sentada en la terraza, tomándose algo y viendo pasar a los transeúntes que poblaban aquella calle peatonal. Pero nadie se dio cuenta de lo que iba a pasar a continuación. Fran, con una delicadez exquisita, comenzó a recorrer la pierna de Lucia y se fue adentrando hacía el ardiente interior que había entre sus muslos.

Esta se abrió un poco el vestido para que su amante pudiese acceder sin problema alguno y después dejó caer la fina tela sobre la mano de Fran que estaba comprobando que Lucia había seguido al pie de la letra sus instrucciones y no había venido con ropa interior alguna.

El contacto de sus dedos con el sexo de Lucia fue efímero, apenas un roce que hizo que se estremeciese, apretase sus labios y arrancase un ligero gemido de su boca. Fran recorrió el otro muslo y lentamente deshizo el camino para volver otra vez a rozar el sexo anhelante de sus atenciones.


¿Vas a castigarme por llegar tarde? – preguntó Lucia decepcionada.
Solo un poquito – sonrió Fran socarronamente y con mirada lujuriosa.
Pues no tardes mucho porque estoy demasiado caliente para aguantar castigos hoy. Además la culpa es tuya por avisarme tarde.
¿Quieres que me vaya? – dijo Fran intentando quitar su manos de entre las piernas de Lucia.
Ni se te ocurra moverte de donde estás o me veré obligada a gritar y decir que te estas sobrepasando conmigo.


Fran volvió a sonreír y sus dedos tocaron el monte de Venus de la molesta Lucia. Apenas un fino camino de vello que lo conducía hacia la ardiente caldera que se había convertido el sexo de su amante.

Lucia abrió un poco más las piernas para que Fran pudiese tocarla como se merecía. Al rozar el excitado botón que ya no se escondía entre sus pliegues, no pudo evitar dar un pequeño respingo sobre su asiento.


Lu, como sigas así, la gente se va a dar cuenta de que estamos haciendo algo.
Déjate de tonterías y no pares o te la cargas.


Fran bajó unos centímetros con uno de sus dedos y después de apartar delicadamente los labios del sexo de Lucia, lo introdujo profundamente haciendo que esta lo agarrase fuertemente con una mano del brazo. Después saco el dedo muy despacio, alargando el contacto y así, lubricado, subió hasta el clítoris que aguardaba palpitante las anheladas caricias.


¿Aguantarás?
Sabes que cada vez lo hago mejor.
Me gusta probarte.
Y a mí demostrarte que puedo.


Fran se movió alrededor del pequeño brote que buscaba ser colmado de atenciones por su parte, sabiendo de antemano que iba demostrarle nuevamente su destreza acariciándolo y hacerlo llegar hasta el climax.

Y Fran no lo hizo sufrir más, ni a Lucia que seguía apretando su brazo para que lo hiciese ya. La yema de su dedo rozó sutilmente el clítoris y Fran se fijo en Lucia que apenas hizo un pequeño gesto con la boca. Le iba a demostrar que si ella quería, nadie se enteraría del placer que la estaba recorriendo en aquellos momentos. Otro roce y una ligera sonrisa se instaló en su rostro. Unas cuantas caricias más por su parte y Lucia se rendiría una vez más a sus galanterías sexuales.

Pero aun así, Lucia permanecía quieta, sin apenas moverse ante los mimos que su amante le dedicaba, ni tan siquiera cuando bajaba para aprovisionarse del néctar lubricante que su sexo continuaba rezumando desde que había recibido el mensaje en su móvil.

Fran estaba impresionado por la contención que Lucia estaba llevando a cabo en la terraza de aquella cafetería del centro. Los demás clientes se levantaban y se marchaban, otros nuevos se sentaban, pero nadie se dio cuenta de lo que estaban haciendo. Aquella situación sabía que a Lucía la excitaba muchísimo y por eso de vez en cuando, le mandaba algún mensaje para jugar con ella. La sacaba de su rutina familiar y hacía que se olvidase de todo durante el tiempo que estuviese allí con él.

Todo iba perfectamente hasta que el orgasmo comenzó a dar señales de que pronto iba a llegar. Lucia comenzó a respirar entrecortadamente y su rostro se contraía por momentos. Su boca se abría y cerraba deseando ser besada, pero sabía que estaban a la vista de todo el mundo y eso era impensable en aquel juego. Sus piernas, que hasta aquellos momentos habían permanecido prácticamente inmóviles, apretaron con fuerza los dedos de Fran que se movían rítmicamente arriba y abajo buscando el mayor placer para Lucia.


¡No puedo más! – dijo apenas en un suspiro.
Hazlo… pero bajito – sonrío Fran mientras se tomaba un largo sorbo de su café.


Lucia apretó todavía con más fuerza la mano de Fran que se quedó atrapada entre los sus muslos y se abandonó al largo y silencioso climax que este le estaba proporcionando. Cuando su cuerpo acabó de temblar por las pequeñas réplicas del orgasmo, empezó a reír soltando el resto de la tensión acumulada. Fran la miró divertido y cuando iba a sacar la mano que Lucia todavía retenía entre sus piernas, esta le dijo que no con la cabeza.


No lo hagas, me gusta sentirte entre mis piernas… aunque solo sea tu mano.
Sabes que no puedo quedarme más tiempo y tú tienes que volver a casa.
Odio las despedidas, Fran.
Lo sé, pero nos veremos muy pronto.
¿Me lo prometes?
Te lo prometo. Es más, hoy te mereces que te invite yo al café, te has portado muy bien.
Tú tampoco lo has hecho mal.


Fran le dio un último sorbo a su café mientras veía desaparecer a Lucía entre la multitud que paseaba por la calle. Adoraba a aquella mujer. Y con un gesto, saludó a la camarera y a la dueña del local que habían presenciado aquella escena desde la barra del local.


No lo puedo entender – dijo la camarera.
¿El qué? – preguntó la dueña
Lo de esa pareja.
¿Qué es lo que no entiendes? Que después de 20 años juntos, dos hijos, una hipoteca, etc, tengan sus juegos privados.
–No, no lo entiendo.
Todavía eres muy joven para entender estas cosas. Pero te diré que esos juegos eróticos, hace que mantengan la llama de la pasión intacta.
Y ahora al llegar a casa ¿que harán?
Pues el llegará con una sonrisa en la boca, todavía con el aroma de su mujer perfumando su mano, la abrazará y la besará lentamente. A continuación, les dará dos besos a sus hijos, les preguntará que tal han pasado el día, si le han dado mucha guerra a mama y a la canguro y después de ponerse algo más cómodo, volverá a la cocina para ayudar a su mujer a preparar la cena.
¿Cómo puedes saber que harán todo eso?
Muy fácil, conozco su historia y se a ciencia cierta que Lucia y Fran disfrutan haciendo todo lo que hacen.
¿Jugando a los amantes?
Claro, pero siempre siendo los mejores amantes el uno con el otro.

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