martes, 9 de mayo de 2017

Pequeño homenaje a la Galaxia del Comic


En una Galaxia muy lejana…(fanfarria de Star Wars a todo meter)...

Hace tiempo que rescaté este retrato del archivo de la galaxia comiquera. Aquí, el gran artista Wakko quiso reflejar el enorme esfuerzo que suponía para mí, un día normal de entrenamiento en el mar. Y sinceramente, dio en el clavo con la imagen representada. Esa cara de esfuerzo tratando de escapar del “pequeño” tiburón con el que entrenaba, refleja en todo su esplendor, la capacidad de sufrimiento de este que les escribe.

Admiren también, ese estilizado y fibrado cuerpo que tenía en aquel entonces y que algún día quisiera volver a tener… al menos si me vuelvo a reencarnar nuevamente en el príncipe de los océanos.


Abrazos sentidos para toda la gente de Gisicom.

viernes, 17 de marzo de 2017

Una tarde en la oficina.

Roxy estaba sentada delante de su ordenador, bastante ociosa y sin muchas ganas de trabajar. Y eso que el trabajo no le faltaba, ya que tenía cinco manuscritos sobre su mesa para echarles un vistazo antes de enviarlos a maquetación. Ojeaba sin mucho detenimiento las páginas de los periódicos y navegaba entre enlaces hasta que en la parte inferior de su pantalla apareció un mensaje de su amigo Héctor. Le había enviado un relato para su lectura y posterior comentario. Se puso nerviosa porque sabía muy bien qué tipo de historias le enviaba su querido escritor. Se levantó y cerró la puerta de su despacho para tener la máxima intimidad posible mientras leía el relato. Su secretaría sabía que si Roxy cerraba la puerta, era para no ser molestada bajo ningún concepto. Abrió el documento y comenzó a leer mientras saboreaba su primer café de la tarde.



Después de leer las primeras páginas, una sonrisa maliciosa se había instalado en su boca. Héctor siempre la sorprendía y lograba sacarla de aquel letargo que las tardes veraniegas de trabajo en el despacho, eran capaces de sumirla. Se encontró recorriendo con sus dedos los perfiles de su camisa y se abrió camino sin apenas darse cuenta, entre el hueco de su escote. El relato iba en aumento y la excitación de su cuerpo, le correspondía igualmente. 

Una de sus manos recorría la redondez de uno de sus excitados pechos mientras la otra, abandonaba a su suerte el ratón del ordenador y bajaba inexorablemente hacía su falda que remangó con rapidez para acceder al húmedo y ardiente triangulo de su sexo...

Roxy acabó de leer el último párrafo y cerró los ojos imaginándose la escena en la terraza de la cafetería. Aquella pareja se lo había montado muy bien y su cerebro comenzó a proyectar imágenes e intentó  centrarse en cuál sería la más apropiada para aquel acto. Después de unos segundos le dio igual porque ya estaba muy excitada y no le iba a costar mucho completar las imágenes que su calenturienta mente estaba creando.


Se recostó en su cómoda silla de trabajo y comenzó a tocarse por encima de sus braguitas. Estaban húmedas entre el calor y la excitación del momento y se sonrió al descubrir que su botón del placer, estaba pugnando por salirse del capuchón de fina piel que todavía lo tapaba. Separó los labios de su sexo después de introducir sus dedos entre la tela de su ropa interior y su piel. Un espasmo de placer recorrió su cuerpo al rozar el clítoris con la yema de sus dedos.

Se tuvo que morder los labios para intentar ahogar el gemido que pugnaba por salir de su garganta y después de controlarlo, se pasó la lengua por ellos lascivamente. Se puso a pensar en la escena protagonizada por los personajes del relato y deseó cambiarse por la protagonista, por la mujer a la que aquel hombre tocaba bajo la mesa de la terraza. Deseó que fuesen sus largos y fuertes dedos los que la estuviesen penetrando y así, poco a poco, fueron los de ella los que lo hicieron.







Su cavidad estaba muy húmeda y sus dedos se impregnaron al instante del néctar que sus sexo desprendía. El placer y el morbo que le producían autosatisfacerse en su propio despacho, la excitaba todavía más. Una de sus manos se había introducido dentro del sujetador y apretaba con lujuria el inflamado pezón. Aquella zona erógena que destacaba cada vez que su cuerpo se excitaba y que sobresalía sin pudor, sobre la cúspide de sus pechos.

Sacó los dedos de su sexo y acarició con su índice, el excitado clítoris. Al principio quedamente, después, a medida que la excitación y su respiración iban más en aumento, se lo frotaba haciendo más placentero el  rozamiento. Apretó con fuerza el pezón y este envió a su cuerpo, oleadas de placer. El orgasmo estaba próximo y nada podía detenerlo. La mano que tenía sobre su sexo, humedecía sus labios, los acariciaba, introducía sus dedos y volvía a rozar el clítoris. Aquella sincronizada armonía de movimientos la llevó al clímax. Cerró sus piernas en torno a su mano y se dejó estar así durante un rato, disfrutando todavía los pequeños espasmos que todavía correteaban por todo su cuerpo. Un mensaje en la pantalla de su ordenador la hizo sonreír: 

Espero con ansia el comentario sobre el relato.

Roxy cogió su móvil y se hizo un selfi:

Creo que esta imagen vale más que mil palabras.   



martes, 14 de febrero de 2017

jueves, 5 de enero de 2017

DULCE



Dulce es el recuerdo que me trae el rumor de las olas, mientras mi barco se aleja y me lleva lejos de aquí, pero más dulce será la vuelta cuando sean tus brazos, los que me rodeen a mi.

viernes, 16 de diciembre de 2016

A FALTA DE MUSAS, BUENAS SON SERIES.

Pues después de mucho tiempo sin tener nada que decir y con el pozo literario seco a más no poder, aquí os dejo una buenísima serie que seguro os va a gustar. Y me preguntaréis ¿por qué esta serie y no otras? Pues porque está dirigida por las hermanas Wachowski (antes fueron los hermanos que dirigieron Matrix) y sobre todo por este vídeo:



Espero que lo disfrutéis, tanto por la música como por las imágenes.


lunes, 18 de julio de 2016

EL RITUAL




Casandra comenzó el largo descenso por las escaleras talladas en la roca del acantilado. Bajaba con sus manos pegadas a su vientre y parsimoniosa, sin muchas esperanzas de lo que iba a tener que hacer. Ella no creía en los rituales, pero la habían convencido de que preguntase en el pueblo por una anciana que vivía a los pies del pequeño faro y que sería la que le indicaría los pasos a seguir para llevar a buen camino, su deseo de ser madre.

No se cruzó con nadie subiendo de la cala que había unos cuantos metros más abajo y lo agradeció. No le apetecía encontrarse con nadie y que la mirasen a la cara. Quizás alguna mente avispada descubriría lo que iba a realizar en cuanto llegase abajo.

Al tocar la cálida arena de la pequeña cala con forma de concha, un escalofrío le recorrió toda la espina dorsal, como si alguien la estuviese observando desde el mar. Pero allí no había nadie. Estaba completamente sola. Miró hacia lo alto del acantilado y el sol comenzaba a ponerse justo por allá arriba. Muy pronto la mortecina luz de aquel caluroso día de finales del mes de agosto, abandonaría aquel idílico lugar.

Se desprendió de su vestido y permaneció durante unos instantes acariciada por los últimos rayos del sol. Después caminó muy despacio, temerosa, hasta tocar con sus pies el agua del mar que estaba bastante fría. Sonrió inquieta solo de pensar que tenía que bañarse por entera en aquellas aguas y después tumbarse sobre la arena de la orilla.

Fue metiéndose poco a poco y a pesar de que preferiría hacerlo en aguas mucho más cálidas, ella estaba allí por cumplir su sueño y tenía que realizar todo aquel ritual, tal y como le había indicado la anciana. Al llegarle el agua hasta su sexo, tuvo un segundo escalofrío, como si alguien lo hubiese tocado dulcemente. Pero allí no había nadie y menos dentro del agua. Se detuvo un momento mientras observaba la cristalina quietud del mar. Aquellos instantes de dudas, de si seguir o no, se disiparon rápidamente. 

Siguió caminando hasta que sus pechos, erguidos por el frio del mar, tomaron contacto con el agua. El tercer escalofrío. Ahora pudo notar con toda claridad como algo los había rozado y sus pezones reaccionaron al instante, aumentado su tamaño y dureza. Volvió a detenerse con nerviosismo porque como pudo comprobar, seguía sola. Tenía que continuar. La anciana le había dicho todos los pasos que tenía que seguir para completar el ritual y así se estaban cumpliendo. Le había dicho que no tuviese miedo, que pasase lo que pasase, no volviese atrás.

Se sumergió y cerró los ojos. Permaneció durante unos segundos ingrávida en posición fetal, entre las aguas de la pequeña cala, pero cuando emergió, un manto de estrellas cubría ya el cielo y la luna llena iluminaba su cuerpo mientras esta salía hacia la orilla.

La mitad del ritual había sido completado. Ahora quedaba la parte del encuentro. Se dirigió hacia donde había dejado su vestido y en uno de sus bolsillos cogió el pañuelo de seda blanco y se lo colocó sobre los ojos, anudado detrás de su cabeza. Su melena todavía goteaba el agua del mar y gota a gota fue mojando la arena, que ahora estaba ya fría sin la fuerza de los rayos de sol que la calentasen.

Se acostó sobre la húmeda arena de la orilla con las piernas dobladas y con su sexo cara al mar. Permaneció quieta y en silencio, escuchando solo el rumor de las pequeñas olas que la hicieron entrar en un estado de semi- somnolencia. En ese instante surgió de improvisto una primera ola más grande que llegó mansamente y rompió sobre la orilla, donde la espuma del mar roció el sexo de Casandra.

Así nueves veces más y con la llegada de la novena ola, tal y como le había dicho la anciana, notó que algo surgía del mar. Podía sentir su imponente presencia y estuvo a punto de echar a correr. Pero algo la retenía sobre la fina arena de la orilla. Una mano tibia se posó en su frente para tratar de calmarla y Casandra volvió a respirar profundamente sin saber muy bien si aquel estado de duermevela le estaba jugando alguna mala pasada o aquella mano estaba allí en realidad. Notó entonces como otra mano le tocaba sus turgentes pechos acariciándolos con dulzura, volviendo estos a endurecerse. Después rozó su sexo que comenzó a humedecer sus profundidades y por último, aquella mano se posó sobre su vientre donde permaneció un largo rato, notando el sube y baja de la intensa respiración de Casandra.

Después, dentro de su cabeza escuchó una voz profunda y gutural que le habló: La naturaleza es muy sabia y si no has concebido todavía, no es tuya la culpa. El hombre con el que estás, no es el adecuado para ayudarte a criar a tus retoños y por eso jamás podrás tenerlos con él. Su semilla está demasiado corrupta para que tu vientre la acepte y anide en él.

Casandra se despertó al amanecer. Estaba tumbada sobre la arena    y llevaba puesto su vestido. Su cuerpo olía a mar y estaba limpio de arena, pero no de la salitre que perlaba toda su piel. A su vera, el pañuelo de seda blanco que había permanecido tapándole la vista mientras había tenido la visita del sanador Atlante.


Volvió a subir las escaleras del acantilado y sonrió sabiendo que el ritual había sido completado.

viernes, 20 de mayo de 2016

TARDE DE VERANO

Era un caluroso día de verano cuando Rona y Laura decidieron salir a dar una vuelta en el viejo ciclomotor. Habían decidido no ir a la playa y si recorrer las solitarias carreteras de montaña. Así Laura practicaría nuevamente con la mota sin miedo a atropellar a algún transeúnte despistado o empotrarse contra algún coche que pasase.

Rona arrancó el ciclomotor y Laura subió de paquete detrás. Salieron como alma que lleva el diablo después de comprobar que tenían gasolina para estar toda la tarde en la carretera y sin miedo de quedarse tiradas por falta de combustible.

Cuando llegaron al desvío que las llevaría hacía una de las carreteras de montaña, poco transitadas en aquella época ya que todo el mundo prefería la playa, Rona cedió el pilotaje a la inexperta joven.
Laura siguió al pie de la letra todas las indicaciones de su amiga y arrancó despacio el ciclomotor que comenzó a andar vacilante por la carretera.

El calor empezaba a ser sofocante y Rona le pidió a Laura que acelerase un poco, para que la brisa pudiese aliviar la elevada temperatura que estaban empezando a sufrir sus cuerpos.
Laura dio un pequeño acelerón y casi frena al instante bruscamente al ver que la moto corría demasiado. El cuerpo de Rona se quedó tan pegado al de Laura que le costó desencajarse y durante unos instantes, entre risas, Rona intentó zafarse del húmedo abrazo en el que se habían sus cortos y veraniegos vestidos.

<<¿Qué te parece si conduzco yo ahora?>> preguntó Rona.
<<Estaría bien, sobre todo porque tú puedes ir más rápido que yo, y así podemos coger un poquito más de brisa y sombra por allá arriba, entre el pinar>>.

Rona se puso a los mandos del ciclomotor y se subió todo el vestido hasta la cintura. Necesitaba que el aire cálido de la montaña rebajase un poco el calor que le había entrado repentinamente después del frenazo que había realizado Laura. Esta por su parte, a pesar de calor sofocante, se pegó bien a Rona agarrándola por la cintura y el trasero de la piloto quedó encajado entre sus largas piernas, haciendo que sus braguitas tocasen las de Rona.

A Rona aquello le pareció excitante. Dio un acelerón y salieron a toda velocidad hacía la carretera que las llevaría hacía el gran pinar. Kilómetros y kilómetros de carretera a la sombra y donde podrían circular sin cruzarse con vehículo alguno, ya que toda la gente estaría peleándose por encontrar un sitio en las playas.



Rona cogió el cruce de la derecha tan bruscamente que a Laura, una de sus manos, se le escurrió entre las piernas de la piloto. Esta dio un pequeño respingo y antes de que Laura quitase la mano de allí, le dijo que no, que siguiese con ella allí mismo.

Laura comprendió lo que su amiga quería y pegó todo su cuerpo contra el de Rona. Su cabeza sobresalía por encima de uno de sus hombros y sus pechos, se habían sellado a la espalda de la fenomenal conductora. Después metió su mano por dentro de las braguitas de Rona, mientras esta aceleraba más para que la brisa jugase voluptuosamente con sus vestidos.


Aquella tarde veraniega, iba a ser una de las primeras y placenteras tardes de aquel cálido y húmedo verano.